La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
Benjamin Franklin



Todos debemos tener grandes sueños y objetivos en la vida y fijar diferentes metas que nos sean de apoyo como referencias en el recorrido del camino hacia esos sueños, sin embargo la felicidad no consiste en alcanzarlos sino en perseguirlos, y eso supone que día a día iremos viviendo el camino en que cada vez estaremos mas cerca de lograrlos y ese camino debe ser un camino de felicidad continua o viviremos una vida como decía Thoreau de "callada desesperación".

Cada día que vivimos aparecen multitud de situaciones maravillosas en las que debemos dejar que las emociones fluyan naturalmente y penetren dentro de nuestro corazón, aparecen relaciones con personas que nos nutren el espíritu y nos hacen sentir bien, nos vemos involucrados en temas que lejos de nuestros propósitos originales nos envuelven en acontecimientos inesperados, y disfrutar de todo eso es parte de la felicidad.

Ser feliz no es llegar al estado perfecto, al nirvana personal, sino darse cuenta que la vida nos regala cada día infinitos momentos de pequeña felicidad que nos aportan mucha emoción y no podemos desaprovecharlos pues nunca volverán.

¿Y de que momentos estoy hablando?

Hablo de esos momentos en que vemos que hemos ayudado a alguien sin buscar recompensa alguna; de esos en que nuestro hijo aparece corriendo y se funde con nosotros en un abrazo interminable como si la vida fuera a acabarse un segundo después; de esa llamada que nos hace un viejo amigo al que habíamos perdido la pista hace mucho tiempo y que aun se acuerda de nosotros; de cuando hojeando un libro encontramos una foto de nuestros padres de hace 20 años y se nos saltan las lágrimas; de cuando estamos apunto de dormirnos y nos acordamos de esa casa con la que soñamos tener algún día y que tanto nos emociona; de ese momento en el restaurante en que al darnos las vueltas nos dan dinero en exceso y llamamos al camarero para devolvérselo y nos lo agradece sorprendido; de cuando vamos a escribir en una hoja en el trabajo y nos vemos el anillo de alianza y nos recuerda a nuestra pareja con la que compartimos la vida; de... no se, hay miles de momentos cada día en que podemos y debemos ser felices

Carpe Diem que repetían "El Club de los Poetas Muertos". Vive cada momento, y se feliz.

Un cuento de Paulo Coelho que aborda este tema con su singular forma de llegar al corazón.

Un mercader envió a su hijo con un gran sabio para aprender el Secreto de la Felicidad.


El joven caminó durante días por el desierto, hasta llegar a un hermoso castillo.

Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, el joven vio mercaderes que entraban y salían, muchas personas conversando, una orquesta y una mesa repleta de manjares.

El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para ser atendido.

Al fin, el ilustrado escuchó al visitante, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle aquel secreto. Le sugirió dar un paseo por su palacio y volver dos horas más tarde. Y añadió:

-Quiero pedirte un favor -entregándole una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite.-

-Mientras caminas, lleva este utensilio y cuida que el aceite no se derrame.

El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara.

Y luego de dos horas, retornó.

-¿Qué tal?- le preguntó el sabio, -¿Viste los tapices de Persia? ¿Advertiste el jardín, que tarde diez años en crear?

¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?

El joven, avergonzado, confesó que no. Su preocupación había sido no derramar el aceite.


-Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo, -dijo el sabio-No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.

Ya más tranquilo, el joven tomó nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención las obras de arte, los jardines, las montañas que asomaban, la delicadeza de las flores y de los cuadros del lugar. De regreso con el Sabio, le relató lo visto.

-¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? -preguntó el anciano-

El joven miró la cuchara y se dio cuenta de que se habían derramado.

-Pues éste es el único consejo que puedo darte. El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara.

El Secreto de la Felicidad está en saber disfrutar de los grandes placeres sin olvidar las pequeñas cosas que tenemos a nuestro alcance. -

Vistas: 16

Los comentarios están cerrados para esta publicación de blog

//Native Infeed //Google Analytics //Google Adsense